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¿Por qué cuesta tanto a las PYMES empezar a transformarse digitalmente?

“La nueva normalidad”… Pocas expresiones han podido sintetizar, tan sucinta y claramente, la fuerza disruptiva de los efectos que el COVID 19 ha generado en el mundo entero, forzándonos a modificar radicalmente la mayor parte de nuestras rutinas personales y laborales, reduciendo las opciones habituales de acción y movilidad, y haciéndonos reconsiderar vías, insumos y métodos -antes impensables- para mantener la viabilidad y efectividad de todo nuestro quehacer.

En dos informes publicados muy recientemente por el Observatorio del Ecosistema Digital de América Latina y el Caribe de la CAF, “El estado de la digitalización de América Latina frente a la pandemia del COVID-19” y “Las oportunidades de la digitalización en América Latina frente al COVID 19”, que abordan exhaustivamente esta problemática, se evidencia claramente tanto el nivel de rezago del  desarrollo digital y la innovación en las principales economías latinoamericanas, y se advierte sobre el riesgo de aumentar aún más la brecha entre los paises infraconectados y los hiperdigitalizados.  No será infrecuente pues ver cómo la presión por compensar este rezago y mejorar la competitividad en las empresas latinoamericanas se asocie con la urgencia de “transformarse digitalmente”, otra expresión que está en boca de todos pero cuyo significado es entendido de múltiples maneras.

Uno de los ejecutivos de CAF, Jairo Tiusabá, publicó en este mismo mes de Septiembre un artículo titulado “La pendiente transformación digital de las pymes latinoamericanas” en el cual no solo sintetiza las conclusiones de ambos informes, sino que demuestra cómo en la región, este rezago está vinculado principalmente a las fallas de acceso y al uso que se da a estas tecnologias. El problema del acceso (infraestructura y sistemas de conectividad) nos remite a la fase propiamente tecnológica del asunto, destacando las limitaciones existentes en velocidad de descarga y ancho de banda disponibles, pero aún más crítico es el problema del uso (incorporación de la digitalización en los procesos operativos y productivos), pues tiene que ver con la cultura del medio empresarial, las habilidades presentes, la apertura y la madurez requeridas para entender los problemas reales, distinguir cuales son las herramientas digitales adecuadas para resolverlos, y tener la habilidad y los recursos requeridos para integrarlas a su operación.

Transformarse digitalmente trata precisamente de eso: ser capaces de visualizar nuestra forma de ver nuestras estrategias y operaciones a través de un lente digital, de poder incorporar productos, servicios y soluciones digitales a lo que hacemos, para aumentar la productividad, la competitividad y la generacion de valor, y cambiar así nuestros negocios para servir con más efectividad a los clientes y asociados de la organización.

En opinión del articulista, y a pesar de las limitaciones que persisten en la región en términos de capital, infraestructura de conectividad y su regulación, las últimas tres décadas evidencian la sustancial mejora de los ecosistemas digitales así como una mayor apertura y aceptación de estas tecnologías en los paises del área. Ejemplo claro de esta mejora es la penetración promedio de Internet que, en LatAm, alcanzará casi el 80% para finales de este año. Cuando se le compara con el promedio de penetración de la OCDE (88,3%), que reune a las principales economías del planeta, la cercanía relativa entre ambos indicadores le permite inferir que el principal problema que enfrentan las PYMES latinoamericanas no es tanto el acceso a las tecnologías, sino el uso que se da a éstas.

Hablamos ahora de un problema de cultura organizacional y de la predisposición para aceptar e incorporar modificaciones en la operación cotidiana. Imposible ignorar el hecho de que el 90% de las unidades productivas de la región son PYMES, caracterizadas por la pequeña escala de sus operaciones, con grandes limitaciones de acceso a recursos financieros, a tecnologías para el manejo eficiente de su operación y un entorno económico sujeto a los vaivenes politicos y regulatorios de cada pais, todo lo cual se traduce en más barreras para la adopción, incorporación y apropiación de herramientas digitales.

Los usos más frecuentes en la región se orientan a acciones simples de consumo, como la búsqueda de información, el manejo del correo electrónico y mensajería, el uso básico de redes sociales y, en general, usos en un solo sentido.  Estos usos “inferiores” contrastan ampliamente los usos “superiores” que, más que consumir recursos, se incorporan a la acción productiva de la empresa y agregan valor a su operación,  tales como transacciones de banca electrónica, gestión de trámites oficiales, digitalización de las cadenas de suministro y distribución con proveedores y clientes, marketing y comercio electrónico, procesos y canales de ventas digitales y pagos electrónicos.

Entender que “transformar digitalmente” a la empresa conlleva mucho más esfuerzo que el mero añadir tecnologías será crucial para superar la brecha entre la economía tradicional y la nueva economía digital. Estar dispuestos a enfrentar el cambio, mirando hacia adentro y adaptarse a las formas en las que se mueve hoy el mundo, es un principio válido para las organizaciones del planeta, y en Latinoamérica, este reto es aún más grande, dadas las limitaciones antes referidas.  Concluye el análisis que:

“Una estrategia basada exclusivamente en el desarrollo de una oferta de infraestructuras y servicios digitales para promover la transformación digital, dejará atrás a un sinnúmero de productores y empresarios con dificultades para afrontar una verdadera integración al ecosistema digital y de nuevas tecnologías y terminará promoviendo una mayor inequidad en el aparato productivo y la sociedad de la región”.

Al mismo tiempo, recomienda a los gobiernos desarrollar e instrumentar políticas complementarias de fortalecimiento de capacidades digitales para las empresas, así como redoblar los esfuerzos en la preparación del capital humano, con habilidades y especialidades que asistan al esfuerzo de digitalización de las empresas, también como una oportunidad para la recuperación de empleos en la fase post pandemia.

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